El caballero no respondió. Simplemente asintió con la cabeza y continuó su camino, adentrándose más en el bosque.
La niebla se cernía sobre el bosque del rey como un manto húmedo y gris, ocultando los troncos de los árboles y dificultando la visión de los viajeros. En medio de aquella bruma, un caballero solitario montaba su caballo, con la capucha de su capa subida para protegerse del frío y la humedad. El caballero no respondió
Ebrose lo miró con atención, percibiendo la desesperación y la culpa que emanaban del caballero. un caballero solitario montaba su caballo